Este año ha tardado mucho en florecer mi cerezo. Como si la primavera, perezosa, no quisiera calentar con sus rayos.
El gato negro que buscó en invierno cobijo bajo la escalera que bordea el árbol, entre cojines y troncos de leña, hay noches que ya no duerme en su refugio.
Mi perro ha llegado con él a un pacto de no agresión, aunque cuando me ven disimulan: Boby ladra con desgana y con más desgana aún, el gato sale de su escondite para no alejarse demasiado.
Caeran sus hojas blancas y aparecerá el rojo de sus cerezas como una pequeña explosión.
Pero eso será más tarde.
Ahora todo está en calma
Parece que con los primeros rayos de sol todo se templa,
Estoy en casa. Hoy es fiesta y no trabajo. Ayer fue uno de los peores días de mi vida y sin embargo dormí profundamente. Me miro al espejo: no hay ojeras, ni un rastro de haber llorado. Me preocupa, aunque sé que debería estar agradecida por ello. Pero no es más que un síntoma, un indicio de que mi cuerpo ya no es mi cuerpo. Hace tiempo que lo sospechaba. Otro síntoma es que en general, empieza a no corresponder con su edad. Eso, que al principio me parecía una suerte increíble de lotería genética, cada vez se me hace más extraño. Si al menos se comportase acorde a cómo me siento. Pero no, va absolutamente por libre. Así que, cómo echar en cara a nadie que me encuentre sola; cómo transmitir que necesito un abrazo, si mientras mi alma llora, mi cuerpo se balancea dulcemente en un columpio.
Mirándome con detenimiento creo que la única parte que sigue siendo mía son los ojos. No los párpados, las cejas, ni las pestañas. Sólo el interior del ojo. Pero ¿quién se va a acercar lo suficiente para mirar ahí dentro? Además ya se encargaría la boca de desviar la atención.
Pienso que todo esto pudo empezar hace años, un día casi tan frio como hoy, en que paseaba buscando un encuadre atractivo para dibujar como ejercicio de clase. El estaba al final del puente. Me quedé mirando el desnudo de una mujer hecho a rotulador de punta seca, sujeto con una pinza a una especie de entramado de madera sobre un caballete, apoyado en el pretil de granito.
- ¿Ha visto señorita? Ahora esa figura trazada en papel ya es eterna.¿quiere usted ser eterna?
Sonreí, y decidí contestar siguiendo su tratamiento de usted aunque era evidente que apenas me sacaba unos años.
- ¿No me diga que se llama usted Dorian? – contesté.- ¿y qué hace en este sitio con todos estos dibujos? Esto no es la orilla del Sena, es el Puente de Segovia, por si no lo sabía. Abajo no hay agua, es una calle y aquí la gente, de vez en cuando, se suicida.
- No señorita, no me llamo Dorian,.... pero ¿ cómo puede estar tan segura de que abajo no hay agua si desde aquí no se ve? ... y no me ha contestado..... ¿quiere usted ser eterna?
(Fragmento del diario de Alejandra Bron. 3 de febrero)
Sigue haciendo frio aquí. Cayó de golpe hace días como la hoja de una guillotina dividiendo en dos bandos todos los colores del arco iris. Ya no puedo mezclarlos en mi paleta. Se repelen como aceite y agua. Todos los caminos se pierden en la niebla o anuncian de antemano que están cortados. Laberintos sin pasiones.
Sí, tal vez sea mejor oir sin escuchar. Mejor no recordar que olvidar. Mantenerse lejos de cualquier adios. Mejor seguir caminando a ninguna parte que tomar el camino de vuelta.
En Paris está lloviendo. Me lo acabas de decir y tu voz me sonaba lejana, perdida, escurriendo confundida entre esas gotas de lluvia que aquí no caen. Tienes que estar pasando frio.
Una locura tuya tomar ese avión sin pensar, sin maleta, sin ropa de abrigo. Pero al fin y al cabo, en parte, sé que yo te he empujado a ello.
Quiero adivinar en tu voz; encontrar algún indicio.
Sería más sencillo preguntarte directamente, pero no puedo hacerlo.
Nada de lo que hemos hablado se me ha quedado en la cabeza porque todas tus palabras han decidido recorrer un camino directo desde el conducto del oído al corazón y al estómago.
Podría decir que ésta es una tarde negra, pero ni siquiera es eso.
( de hace mucho... pero sigue mereciendo la pena escucharla)
Estaba a punto de acabarse el Año del Gato, como está a punto de hacerlo ahora.
Ese fue nuestro último tema de conversación. Si era del horóscopo chino o del vietnamita.
Después de esa ya no no hubo más conversaciones.
Sólo discutíamos, nos enfadabamos y nos hacíamos daño.
Como gatos con el lomo erizado sacábamos nuestras uñas a la mínima, y cada noche escapábamos por los tejados de una ciudad indiferente a nuestros sigilosos pasos.
Ni los aullidos en celo, ni el sexo conseguían devolvernos un instante de roce y ronroneo.
Y como dos gatos orgullosos nos miramos desafiantes antes de separar para siempre nuestros caminos, cada uno, con una vida menos.
El sonido ronco de una moto anunció su llegada. María salió para abrir la cancela por si Juan quería dejarla en el patio, pero él ya la había aparcado en la puerta. No llevaba casco. Total, de su casa a la de ella sólo eran tres calles. A María le gustaba su moto. El día que le conoció estaba tirado en el suelo arreglándola. Le pareció muy divertido con esas gafas de pasta negra y la cara y las manos llenas de tiznones de grasa. Había pasado poco tiempo desde entonces, tan poco que le ponía nerviosa mirarle diréctamente a los ojos.
Se dieron dos besos y entraron en el despacho. Ella se lo había apropiado para estudiar desde que su padre ya no estaba, aunque había preferido no cambiar nada. Todas los noches, retiraba sus cosas y lo dejaba tal cual. Sacó del cajón de la mesa una grabadora pequeña, que él utilizaba para sus clases y en la que ahora, María capturaba las canciones de la radio sin mayor tecnología que la de pulsar el rec cuando alguna le gustaba. Se la dió a Juan.
- ¿Crees que lo puedes hacer así directamente? - dijo.
- Sí, puedo ir traduciendo según leo.
- Te advierto que es un rollo tremendo.
- Bueno, a mi no me importa, ¿empiezo?
Comenzó a llenar el pequeño espacio con las palabras técnicas de ese libro que ella había sacado de la biblioteca del instituto. Un trabajo para subir nota. Una excusa cualquiera para verle. De vez en cuando se le escapaba una expresión en francés y eso, a María, le hacía sonreír.
La voz de Juan quedó grabada durante años junto a aquella canción, hasta que mucho después unas manos pequeñitas la tomaron como un juguete, y convirtieron la cinta que las conservaba como un tesoro, en un ovillo desmadejado.
Porqué en un momento determinado comenzamos a enamorarnos de una persona es algo muy difícil de saber, pero María sintió que lo estaba haciendo en ese mismo instante.
Tal vez algún día descubra que tu dragón rojo es alquilado y que vuela
En un Cielo que destiñe su azul, pero
Mientras un anillo invisible rodee mi dedo
Seguiré esperando que tus besos caigan sobre mi piel, y seguiré
A tu lado porque tú eres Cosa Mía
Incluso -como alguien diría- sabiendo de sobra... sin saber.
No puedo asegurar a dónde me llevará
mañana mi corazón
pero esta noche quiero
que tú y yo sobrevolemos Nueva York.
No es algo que puedas decidir
no es una opción
asi que coje tu cazadora de cuero
y dame la mano ya
¿acaso no dijiste que sabías pilotar una nave espacial?
Pero no será en cohete
ni lo haremos en helicóptero
(demasiado comercial)
será en una avioneta a motor
y llevaramos gorros de aviadores
y unas gafas enormes que nos presionarán la nariz
y casi no nos dejarán respirar.
Veremos ir desapereciendo poco a poco las luces
bordearemos el Empire State
salvaremos a King Kong
y no tendremos miedo a volar así
totalmente locos los dos
contemplando
por primera vez
juntos y en pleno vuelo
el amanecer de Nueva York.
Con esto de la crisis tengo un nuevo trabajo: conduzco el camión de recogida de residuos sentimentales. Ayer pasé por la puerta de tu casa y no vi ninguna bolsa. Confio en que sea porque tu cubo estaba vacio. Que no tengas el sindrome de Diógenes y menos para esas cosas. Como es un trabajo poco solicitado, te compensan con un día de fiesta cada dos noches y con un turno de mañana de otro reparto: sonrisas calentitas con olor a café recién hecho y dos o tres buenos deseos bien planchados.
Acabo de dejártelos abajo.
Que pases un buen día.
( Entrada programada. Estoy de vacaciones nos vemos en septiembre. Besos)