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sábado, 2 de abril de 2011

BEATRIZ

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“Coche amarillo, puño cerrado, piensa un deseo, ropa tendida y perro”.



Bea, solía a jugar a eso con sus hermanas, de niñas, cuando iban en el coche de su padre, todas las mañanas rumbo al colegio.

Una sucesión de señales mágicas que tenían el maravilloso poder de conceder ese deseo atrapado en un puño infantil, pequeño, pero fuertemente apretado para no dejarlo escapar, no sin antes ver colgado de cualquier ventana un grupo de sábanas al aire y un perro -daba igual si pequeño o grande, si dama o vagabundo.

Mientras espera en el semáforo detrás de un coche de color amarillo - algo bastante menos habitual que hace años- Beatriz se ha sorprendido a sí misma soltando la mano izquierda del volante y repitiendo ese gesto.
¿El deseo? Ese deseo profundo y antiguo que nunca se cumple. El único deseo que nunca ha dejado de desear.

Y ahora suspira pensando si tendrá la suerte de encontrase en el resto de trayecto hasta casa con algún transgresor de ordenanzas municipales que haya tendido sus sueños atrasados al aire, y que un perro se le cruce en el camino, aunque no le ladre.






viernes, 11 de febrero de 2011

ROSANA













Rosana siempre había oído que se sabe cuando uno ha aprendido un idioma en el momento en que se sueña en él.

Nunca llegó a soñar en inglés cuando sus padres la mandaron un verano a Irlanda. Acababa de cumplir los catorce y entonces sólo soñaba con Miguel, que era de Málaga, y además en sus sueños no hablaban.
Por eso desde hace unos días  no sabe si sentirse contenta o preocupada.
El viernes pasado, después de una larga semana de trabajo, cuando fue a la cocinilla de la oficina a tomarse un zumo, vio la botella de Bourbon que alguien le regaló a su compañero por Navidad. ¿Porqué no? Un dedito para recibir el comienzo del fin de semana.
Le arañó un poco la garganta por la falta de costumbre, pero se fue a casa sintiéndose felizmente transgresora.
A las tres y media de la mañana estaba en el Central Park, sentada en un banco, conversando con gran desparpajo con una señora mayor y en un fluido inglés, inglés americano, por supuesto.
El sábado era el cumpleaños de su amiga Sonia. Cena en su casa y brindis con champán francés para celebrarlo. Esa noche navegaba por el Sena en un Bateau Mouche como guía turística. Sin duda alguna el champán fue excelente porque el domingo participaba en una tertulia literaria en un café de Montmartre. Después vino lo de la grappa y su gran éxito en el Festival de San Remo. Con el sake no se atreve; ni si quiera un dedito, le han dicho que es muy fuerte y además de momento,  no siente ningún interés por Japón.

Hoy vuelve a ser viernes. Recuerda haber visto en el mueble bar de casa  una olvidada botella de ron añejo. Esta noche de media luna le gustaría surcar los Mares del Sur ; ser una Corsaria; una Mujer Pirata en busca de la Isla del Tesoro.
Le da igual en qué idioma.

martes, 30 de noviembre de 2010

IRENE

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Entre los montones de cajas acumuladas en el centro del estudio, Irene observa las estanterías medio llenas; los muebles desarmados en espera de  ubicación  definitiva y una incipiente oscuridad que va cubriendo toda la imágen de un sfumato casi irreal.

Enciende un cigarro y se aproxima al gran ventanal.
Muy al  fondo de esa pantalla panorámica aún se distingue la sierra   -cubierta de nieve desde el día anterior- y se imagina que alguien, al otro lado, podría estar observándola a ella, expuesta como un maniquí en el escaparate de su nueva vida.

Piensa que el día -quién sabe si también nevado- en que la tristeza  recorra en hileras verticales  su propio cristal, ésta no será una tristeza amarga; porque de un latido como el que baquetea su pecho en ese instante, no puede surgir más que un desamor acompasado y dulce.
Aunque también, puede equivocarse.
Huele a café a su espalda, sonríe y apaga el cigarro.


La imágen es un cuadro de DUMA
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viernes, 22 de octubre de 2010

MARTA


No es frecuente que Marta se examine ante el espejo desnuda, pero hoy se gira un poco de lado para ver mejor su cadera derecha. Y sus sospechas se confirman. Ahí está: un incipiente lunar. Lo vió hace unas semanas, pero en la prisa de la rutina diaria lo confundió con una pequeña rozadura. Lo palpa y ve que va a ser más bien grande, de tamaño algo menor que una lenteja, y ya empieza a mostrar un colorcito tostado que resalta sobre su piel tan blanca.

Marta no tiene muchos lunares. Uno en el dedo gordo del pie izquierdo, ese es el más antiguo. Sonríe al pensar que siempre le pareció muy sexy ese lunar. De él, tal vez por contacto, al cabo de mucho tiempo nació otro más pequeñito en el dedo de al lado.

Se mira de frente. A unos cinco centímetros del ombligo: el más oscuro, el más grande.
¡Un nuevo lunar! Suspira antes de pasar otra vez sus dedos sobre él; suspira y los ojos se le revelan más brillantes.

Cada vez que Marta se enamora, un nuevo lunar adorna su cuerpo.



la imagen es un cuadro de DUMA